Sonidos violentos como resistencia a la violencia

El año pasado fui a ver el documental sobre black metal Until the Light Takes Us, que se proyectaba en un teatro local como parte de un festival de cine documental musical. La película muestra entrevistas con muchos músicos de la escena noruega del black metal, entre los que destacan Varg Vikernes (Burzum) y Fenriz (Darkthrone). Durante una de las entrevistas, una frase de Fenriz capturó mi atención y se quedó grabada en mi mente después de salir de la sala.

Mientras criticaba el arte moderno Fenriz menciona a la pintora mexicana Frida Kahlo: »La artista que menos me gusta es de Centroamérica. Es la mujer que pinta a todas las mujeres con cejas gruesas [...]. Ella siempre pintó esto muy cerca de la naturaleza, con colores vibrantes. Es la [representación] perfecta de estar reprimido, es decir, quieres que todo sea brillante«. Y concluye: »No, a mí me gusta el arte rico y problemático que surge del agotamiento de la vida fácil«.

En la introducción del libro Heavy Metal Music in Latin America, el academico cubano Nelson Varás-Diaz afirma que la música metal en el Norte Global puede considerarse como una reacción a los »sueños sin salida del proyecto moderno.« Entonces ¿dónde se ubica la vasta y enormemente influyente producción de música metal en el Sur Global y en América Latina en particular? ¿Podría ser solo una representación pulida e inconsciente de la represión, como lo sugiere Fenriz?

En 1979, Black Sabbath, pioneros del heavy metal, se encontraron en la encrucijada de la salida de Ozzy Osbourne, lo que los llevó a publicar Heaven and Hell, con Dio como vocalista. Ese mismo año, la banda mexicana Fongus publicó su debut Guadalajara Rock, fusionando el psych y garage rock con una producción oscura y ruidosa. Hasta bien entrada la década de 1980, la banda se convirtió en uno de los primeros grupos relevantes de heavy metal en México.

Al año siguiente, mientras la nueva ola de heavy metal británico (NWOBHM) se abría paso en el mainstream con lanzamientos como Killers, de Iron Maiden, la banda argentina Riff sacó Ruedas de Metal. Liderada por el guitarrista Pappo, la banda mostró una progresión desde el sonido blues de sus anteriores proyectos musicales hacia el heavy metal y el hard rock.

Mientras el thrash metal prosperaba con Kill 'Em All de Metallica en 1983, la banda venezolana Arkangel abordó las condiciones opresivas del país en el disco Represión Latinoamericana.

Asimismo, al igual que Mayhem impactó el black metal con sus riffs oscuros y pegadizos en el lanzamiento de Deathcrush en 1987, los brasileños Sarcófago publicarían I.N.R.I., citado como influencia por muchos músicos que formaron la infame escena noruega de black metal a finales de los 80, entre ellos Fenriz. En el libro Lords of Chaos, que describe los inicios de la escena noruega de black metal, se llega incluso a afirmar que Euronymous, de Mayhem, estaba »obsesionado« con los visuales de Sarcófago.

Para Varas-Díaz, estos son ejemplos de cómo desde el principio, Latinoamérica nunca consumió ni creó música metal de forma pasiva. De hecho, el autor sostiene que la región estaba »interesada en forjar su propio camino a través del género musical,« un camino que se construyó a través del contexto de opresión social e inestabilidad política al que se enfrentaba la región colonizada.

Desde un punto de vista lírico, sonoro y visual, varias bandas de metal del continente han cuestionado su experiencia de opresión continua. Esto es especialmente cierto en el caso del metal extremo, donde los grupos han llevado la oscuridad y la muerte, que suelen ser el tema central de las letras y los visuales, un paso más allá, para representar el contexto extremadamente violento del que surge su música.

Un ejemplo es el grupo de death metal colombiano Masacre, que comenzó a hacer música en Medellín en 1988, en un momento en que los cárteles de droga y los grupos paramilitares, junto con la violencia que los acompañaba, estaban prosperando en la ciudad. Masacre fue una de las primeras bandas en expresar explícitamente la vida en Medellín: la portada de su primer demo, Colombia... Imperio del Terror, es una ilustración de una persona muerta tendida en el suelo, con la ciudad de fondo. Los temas de la guerra, el terrorismo y la corrupción se escuchan en sus primeros lanzamientos. Masacre se describe como »death metal resistiendo a la muerte,« como afirma el académico Pedro Manuel Lagos Chacón en un artículo sobre la banda.

Sin embargo, la resistencia activa a la opresión no es la única forma en que los primeros músicos latinoamericanos de metal extremo expresaban su contexto. Una parte fundamental de lo que hace que su producción sea distintiva en la región es la idea de »integrar, y no simplemente yuxtaponer,« como explica Varás-Diaz. Se trate de un metal con influencias locales, no solo a nivel musical, sino también cultural.

Se puede apreciar este fenómeno en la producción musical de la banda brasileña Sepultura, especialmente en su álbum Roots, el cual busca, de manera literal, establecer un vínculo con nuestras raíces. En las letras, el vocalista Max Cavalera hace referencia a las favelas brasileñas, al asesinato del activista y defensor de la selva amazónica Chico Mendes, y  los pueblos indígenas de Brasil quienes participaron activamente en la grabación del disco ya que la banda viajó al estado de Mato Grosso para colaborar con los Xavante.

»La música metal, aunque en gran medida ignorada en la literatura decolonial, ha sido una de las fuerzas que ha desafiado a la colonialidad,« escribe Varás-Díaz, »ya que permite a los individuos oprimidos de América Latina representar el mundo como propio y bajo sus propios términos.«

Con el transcurso de las décadas, muchas cosas han cambiado en América Latina. La mayoría de las dictaduras militares habían desaparecido a principios de los años noventa y, a lo largo de la década siguiente, el continente experimentó lo que ahora se conoce como la ola rosa, o »giro a la izquierda,« una tendencia de los gobiernos latinoamericanos a alejarse del modelo económico neoliberal y adoptar políticas socialmente más progresistas. No obstante, a medida que algunos de estos gobiernos perdieron popularidad por diversas razones, a finales de la década de 2010, otra ola conservadora golpeó el continente y aunque algunos países resistieron, como Bolivia y Honduras, los problemas de desigualdad social de América Latina y los efectos del colonialismo no desaparecieron de la noche a la mañana.

»Creo que es mucho más insidioso que quién está al mando en ese momento,« afirmó Pablo Miguel Méndez, uno de los miembros del grupo colombiano MICO. »Recién elegimos, después de muchos años, al primer presidente de izquierda [Gustavo Petro], pero eso no significa que los problemas de nuestro país desaparezcan; en todo caso, los conflictos que estaban siendo silenciados pasan a primer plano, el tamaño de la herida se hace más evidente y se toma conciencia de que el proceso de sanación no será fácil.«

Formada en 2012 por Méndez e Iván Mauricio Zapata, ambos antiguos miembros de bandas de hardcore y música experimental, MICO fusiona sonidos extremos que parte de sus influencias originales y añade grindcore, black metal y metalcore a la mezcla. El año pasado, el dúo publicó su cuarto disco, Zigurat, un álbum conceptual que gira en torno a la idea de una »recreación contemporánea y blasfema de la Torre de Babel.«

»Colombia es un país con una gran devoción religiosa, lo que me hizo reflexionar sobre todas las oraciones que se hacen. La idea principal era: ¿y si todas esas oraciones ya han sido escuchadas y atendidas? ¿Y si ya estamos rodeados de las respuestas a esta absurda cacofonía de súplicas contradictorias?« explica Méndez. »El serafín de la canción de apertura, por ejemplo, ›Impío Serafín,‹ es un ángel enviado por el Dios judeocristiano para intentar responder a esta caótica colección de alabanzas desquiciadas; un ángel encargado de sembrar la muerte, la injusticia y la corrupción.«

Utilizando figuras religiosas, creando representaciones digitales de una Torre de Babel moderna y fusionando sonidos extremos y gritos guturales, MICO pinta un cuadro de individuos confundidos y aislados que están »lo suficientemente bien programados como para que las ruedas sigan girando.« Una imagen, según Mendéz, imposible de desligar de su patria.

»Creo que es inevitable que el hecho de nacer o vivir  en Colombia, o en cualquier otro país del Sur Global, te afecte. Solo es cuestión de decidir si reflejarlo en tu arte o no; hay una cantidad sorprendente de artistas que hacen todo lo posible por fingir lo contrario.« Y concluye: »Estar vivo en este momento hace que sea difícil no radicalizarse, o al menos sentir la fuerza de esa atracción.«

El dúo argentino Ysyry Mollvün también se basa en contextos históricos para hablar de injusticias que aún perduran. El fundador del grupo, Zupai Ulen, es descendiente de los Selk'nam, un pueblo indígena que vivió en el sur de Chile y Argentina. Este pueblo sufrió un genocidio masivo a manos de los exploradores españoles, que mataron a más de 3,500 Selk'nam entre 1880 y 1900.

»Se exterminó a todo un grupo étnico,« explica Ulen por correo electrónico. »Los descendientes mestizos, como es mi caso, tenemos poco conocimiento de nuestras raíces porque solo disponemos de lo que pudimos aprender de nuestros abuelos y lo poco que podemos averiguar de otros descendientes. El resto nos lo cuentan los conquistadores.«

A los 18 años, Ulen empezó a cantar en grupos de hardcore punk, y no pasó mucho tiempo hasta que entró en contacto con el black metal a través de la banda argentina Sartan. Tras formar Ysyry Mollvün, tardó una década (y la incorporación del músico Antonio Sanna, de Downfall of Nur) en completar lo que sería el álbum debut homónimo de la banda, publicado en 2022.

Ysyry Mollvün cuenta la historia de un espíritu Selk'nam que regresa a la Tierra siglos después del genocidio de su pueblo. El espíritu debe enfrentarse a lo sucedido y se pregunta qué puede hacer para que todo vuelva a ser como antes. Además del sonido clásico del black metal, el álbum cuenta con instrumentación adicional para añadir profundidad estética y capas a su historia.

»Creo que un genocidio y una venganza son mucho más efectivas de contar en un estilo como el black metal,« dice Ulen. »Usamos instrumentos criollos, o sea, que no fueron creados por nativos, sino que son la mezcla de nativos con europeo, cómo es mi caso en particular. También usamos charango, sikus y algunas flautas.«

Y concluye: »Mi sueño es que haya más bandas y proyectos en el black metal con descendientes de nativos. Que cada músico con sangre nativa saque algo que hable del orgullo que siente de ser lo que es. Para eso hago esto.«

Siglos de opresión y colonización son inseparables del metal extremo latinoamericano, pero historias macabras más recientes también han inspirado alguna de su música nueva más importante. El desastroso gobierno del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro en Brasil parece haber incitado el material de protesta de bandas nuevas y antiguas.

Los héroes del crossover thrash y grindcore Ratos de Porão lanzaron en 2022 el álbum Necropolítica, el decimocuarto de su catálogo, con letras que hablan en contra de los crecientes movimientos neonazis y fascistas en el país. El grupo de death metal Crypta, formado durante la pandemia con ex miembros de la banda de thrash metal Nervosa, ha declarado que muchos de los temas de su disco debut Echoes of the Soul (2021) estaban inspirados en situaciones políticas de Brasil. Por ejemplo, »Starvation« trata sobre los millones de personas que mueren de hambre en el país.

El lado oscuro y reciente de la historia de Brasil se refleja incluso indirectamente en la aparición de nuevas bandas, como Falsa Luz, un grupo de black metal que se formó durante el confinamiento en 2020. Los conciertos del cuarteto se presentan a través de una nube de niebla para ocultar los rostros de sus integrantes. Tampoco revelan sus nombres y declinan hablar de sus antiguos proyectos musicales. Todo porque, como dice el vocalista del grupo, que responde a las iniciales D.C., »la música habla por sí sola.«

»Se puede decir que Falsa Luz se formó a partir de la frustración. Frustración con el mundo moderno, frustración con lo que ocurría a nuestro alrededor (incluso musicalmente), frustración con la falta de perspectiva causada por la pandemia...,« señala.

Las primeras grabaciones de Falsa Luz, que se pueden escuchar en su EP Vozes Penadas publicado en 2020, fueron creadas únicamente por D.C. y el guitarrista D.D. En la actualidad, la banda está compuesta por otros dos miembros y ha lanzado discos como Obscurecido Pelo Fim, en mayo de 2022, y Breu Eterno, en febrero de 2023.

En la música de Falsa Luz, que combina black metal de la segunda ola con muchas influencias punk, temas como la oscuridad, la ausencia de luz, el vacío y la vacuidad son una constante. Aunque las canciones tratan perspectivas personales, encarnan la posibilidad de »transformar la forma en que te relacionas con el mundo, que es quizá el mayor combustible para un posicionamiento colectivo,« dice D.C. »La idea de noche y día, luz y oscuridad, suscita diferentes reacciones e interpretaciones. La ausencia de luz no debería parecer tan incómoda, y si podemos escuchar en el vacío y ver en la oscuridad, todo se vuelve más claro.«

Procedente del estado de Minas Gerais, también cuna de las ya mencionadas bandas Sarcófago y Sepultura, D.C. reconoce muchos de los sonidos y el ethos de esas escenas en la creación de su música. »Esas calles tienen una historia con el metal y no hay forma de crecer escuchando ese tipo de sonido y no estar impactado por esas bandas,« explica. »Sin duda fue una escena que no solo ayudó a dar forma al metal en el país, sino también en el resto del mundo. No hay más que ver a Dead y Euronymous [integrantes de Mayhem], al otro lado del mundo, en una época en la que el acceso a todo era más difícil, en una foto con camisetas de Sarcófago. O simplemente escuchando Fallen Angel of Doom [de Blasphemy] y notar la influencia.«

Las observaciones de D.C. sobre la escena de Minas Gerais ejemplifican lo que el académico Nelson Varás-Diaz quiere decir cuando afirma que la música metal »se ha convertido en parte del tejido social de América Latina,« presente en todos los países con distintos grados de popularidad e influencia. Aunque nunca ha tenido gran repercusión en el continente, sigue siendo una de las formas más destacadas de hacer frente a las diversas formas de opresión mediante sonidos extremos.

La música metal en Latinoamérica se ha caracterizado por buscar constantemente nuevas tendencias y enfoques distintos a los de Europa y Norteamérica. Algunos de los sonidos más interesantes e influyentes del metal extremo en los géneros del pasado y del presente, han surgido aquí. Como afirmó la música chilena Cinthia Santibañez del grupo Crisálida en la introducción del libro de Varás-Díaz »se trata de retribuir algo distinto que odio y violencia.«